Guardar Mi cocina olía a ajo y queso cuando saqué esta pizza del horno por primera vez, y honestamente no esperaba que funcionara. Había visto tantas recetas de masa alternativa que prometían milagros y terminaban siendo un desastre pegajoso. Pero cuando corté esa primera rebanada y sostuve una base firme, crujiente en los bordes y jugosa por dentro, supe que había encontrado algo especial. Mi esposo levantó la vista de su plato y dijo: esto sabe a pizza de verdad. Desde ese día, dejé de sentirme culpable por querer pizza a mitad de semana.
La noche que preparé esta pizza para mis amigos, todos llegaron escépticos. Una de ellas había traído ensalada como respaldo, convencida de que una pizza sin harina sería un experimento fallido. Pero cuando vieron esa base dorada cubierta de vegetales coloridos y queso burbujeante, las dudas se desvanecieron. Cada rebanada desapareció en minutos, y mi amiga confesó que ni siquiera había extrañado la masa tradicional. Terminamos la noche con la receta anotada en tres teléfonos diferentes.
Ingredientes
- Floretes de brócoli cocidos: Son la base estructural de la masa, así que asegúrate de picarlos muy finamente o procesarlos hasta que parezcan migas, sin trozos grandes que puedan romper la masa.
- Pechuga de pollo cocida: Debe estar bien desmenuzada, casi como si fuera carne molida, para que se integre completamente con el brócoli y cree una textura uniforme.
- Huevo: Actúa como el pegamento que mantiene todo unido, no lo omitas o la masa se desmoronará.
- Queso mozzarella rallado para la masa: Aporta humedad y ayuda a que la base se dore perfectamente, además de darle ese sabor irresistible.
- Queso parmesano rallado: Agrega profundidad de sabor y una textura más firme a la masa.
- Orégano seco: Un toque esencial que le da ese aroma característico de pizzería.
- Ajo en polvo: Infunde cada bocado con ese sabor cálido y reconfortante.
- Sal y pimienta negra: Equilibran los sabores y resaltan el pollo y el brócoli.
- Salsa de tomate sin azúcar: Elige una de buena calidad porque su sabor se nota, y sin azúcar añadido mantienes el perfil bajo en carbohidratos.
- Queso mozzarella para cobertura: Generoso y derretido, crea esa capa dorada y elástica que todos esperamos de una pizza.
- Cebolla morada: Aporta dulzura suave y un toque de color vibrante.
- Pimiento rojo: Crujiente y ligeramente dulce, complementa perfectamente los demás vegetales.
- Tomates cherry: Estallan de jugosidad al hornearse y añaden acidez fresca.
- Aceitunas negras: Un toque salado y mediterráneo que equilibra la riqueza del queso.
- Hojas de espinaca baby: Se marchitan perfectamente en el horno y añaden un verde brillante y nutrientes.
- Hierbas italianas secas: La mezcla clásica que envuelve todo con ese aroma inconfundible de pizza casera.
Instrucciones
- Preparar el horno:
- Precalienta tu horno a 220 grados Celsius y forra una bandeja o piedra para pizza con papel pergamino. Este paso es crucial porque necesitas un calor fuerte desde el inicio para lograr esa base crujiente.
- Formar la masa:
- En un bowl grande, mezcla el brócoli picado finamente, el pollo desmenuzado, el huevo, ambos quesos, orégano, ajo en polvo, sal y pimienta hasta formar una masa pegajosa pero manejable. Usa tus manos si es necesario, la textura debe ser uniforme.
- Dar forma a la base:
- Transfiere la mezcla a la bandeja preparada y extiéndela formando un círculo u óvalo de unos 30 centímetros de diámetro y 1,25 centímetros de grosor. Presiona firmemente para compactar bien la masa y evita dejar huecos.
- Hornear la base:
- Cocina la masa sola durante 20 minutos hasta que esté firme y dorada en los bordes. Este horneado inicial es lo que garantiza que no se ablande al agregar los ingredientes.
- Agregar la salsa:
- Saca la base del horno y distribuye la salsa de tomate uniformemente sobre toda la superficie, dejando un pequeño borde. No te excedas con la salsa o la base puede humedecerse demasiado.
- Cubrir con ingredientes:
- Espolvorea el queso mozzarella generosamente, luego distribuye la cebolla, pimiento, tomates cherry, aceitunas y espinaca de manera equilibrada. Termina espolvoreando las hierbas italianas por encima.
- Hornear la pizza completa:
- Regresa la pizza al horno y cocina por 8 a 10 minutos más, hasta que el queso esté completamente derretido y burbujeante. Vigila que los bordes no se quemen.
- Servir:
- Retira del horno, deja reposar unos minutos para que los sabores se asienten, decora con hojuelas de chile o albahaca fresca si deseas. Corta en rebanadas y sirve caliente.
Guardar Recuerdo la tarde en que mi hija llegó de la escuela y vio esta pizza en la mesa. Me miró confundida y preguntó si era de verdad pizza o uno de mis experimentos raros. Cuando le dije que la base era de brócoli y pollo, puso los ojos en blanco, pero el hambre pudo más. Tomó una rebanada, le dio un mordisco cauteloso, y luego otro más grande. Al final de la cena, había comido dos rebanadas completas y admitió que estaba buenísima. Esa pequeña victoria me llenó de orgullo más que cualquier elogio de un adulto.
Cómo Lograr la Textura Perfecta
La clave está en procesar o picar el brócoli hasta que quede casi como arroz, sin pedazos grandes que interrumpan la cohesión de la masa. El pollo debe estar igualmente desmenuzado, casi deshilachado, para que se integre sin dejar grumos. Cuando mezcles todos los ingredientes, la textura debe recordarte a una masa de albóndigas, pegajosa pero moldeable. Si sientes que está demasiado húmeda, puedes agregar una cucharada extra de parmesano. La compactación al dar forma es fundamental, presiona con firmeza para eliminar burbujas de aire que podrían debilitar la estructura.
Ideas para Personalizar Tus Coberturas
He probado esta pizza con champiñones salteados, alcachofas marinadas y calabacín a la parrilla, y cada versión ha sido un éxito. Una vez usé pesto en lugar de salsa de tomate y quedó espectacular, con un sabor fresco y herbáceo. Si te gusta el picante, unos jalapeños encurtidos o salchicha italiana picante transforman completamente el perfil. Para una versión más mediterránea, prueba con queso feta desmoronado, aceitunas kalamata y un chorrito de aceite de oliva al final. La belleza de esta receta es que la base es tan versátil que acepta prácticamente cualquier combinación que se te ocurra.
Almacenamiento y Recalentado
Guarda las sobras en un recipiente hermético en el refrigerador hasta por dos días, aunque te advierto que rara vez duran tanto en mi casa. Para recalentar, evita el microondas porque la base se volverá gomosa, en su lugar usa el horno a 180 grados durante unos 8 minutos o una sartén con tapa a fuego medio bajo. La sartén es mi método favorito porque recupera esa textura crujiente en la base mientras el queso se derrite nuevamente. Si planeas hacer varias pizzas, puedes hornear las bases solas, dejarlas enfriar completamente y congelarlas envueltas en papel film hasta por un mes.
- Siempre deja enfriar la pizza unos minutos antes de cortar para que los jugos se asienten y no se desarme.
- Si la base se pega al papel pergamino, desliza una espátula delgada por debajo mientras aún está tibia.
- Puedes preparar la mezcla de la masa con anticipación y refrigerarla cubierta hasta por 24 horas antes de hornear.
Guardar Esta pizza se ha convertido en mi solución para esas noches cuando quiero algo reconfortante pero sin culpa. Cada vez que la preparo, me sorprende lo satisfactoria que resulta, y cómo logra convencer incluso a los más escépticos de que comer saludable puede ser delicioso.