Guardar El olor a nueces tostadas llenando la cocina un domingo por la tarde me recordó por qué amo cocinar en invierno. Estaba buscando algo que transformara el repollo, ese vegetal tan subestimado, en algo memorable. La textura caramelizada de las hojas exteriores contra la suavidad del centro me sorprendió tanto que llamé a mi hermana para contarle. Desde entonces, esta ensalada horneada se convirtió en mi respuesta cuando alguien dice que no le gusta el repollo.
La primera vez que serví esto en una cena, mis invitados se quedaron en silencio durante los primeros bocados. Una amiga que juraba odiar el repollo repitió dos veces y me pidió la receta por mensaje esa misma noche. Desde entonces, este plato se ha ganado un lugar fijo en mi rotación de invierno. La combinación de lo dulce del repollo asado con la audacia ahumada del romesco crea una armonía que no esperaba encontrar.
Ingredientes
- Repollo verde o Savoy (2 libras): El Savoy tiene hojas más delicadas que se caramelizan hermosamente, pero el verde común funciona perfectamente y es más económico.
- Aceite de oliva (3 cucharadas): No escatimes aquí, necesitas cubrir bien cada gajo para lograr ese dorado perfecto en los bordes.
- Pimiento rojo asado (1 grande): Los de frasco son convenientes, pero si asas uno fresco el sabor será incomparablemente más profundo.
- Nueces tostadas (1/2 taza): Tuesta las nueces tú mismo en una sartén seca para intensificar su sabor, marca una diferencia notable.
- Tomates secos en aceite (1/4 taza): El aceite añade riqueza a la salsa, así que escúrrelos pero no los enjuagues completamente.
- Pan rústico tostado (1 rebanada): Este es el secreto para dar cuerpo al romesco, absorbe los sabores y crea esa textura cremosa característica.
- Vinagre de jerez (1 cucharada): Su dulzura sutil equilibra la intensidad de las nueces y el pimentón, pero el vinagre de vino tinto funciona en un apuro.
- Pimentón ahumado (1/2 cucharadita): Este ingrediente define el carácter invernal del romesco, no lo omitas.
Instrucciones
- Prepara el Horno y el Repollo:
- Precalienta a 220°C y corta el repollo en 8 gajos manteniendo el tallo intacto para que no se deshagan. Pincela generosamente cada lado con aceite de oliva y sazona bien, los bordes necesitan ese aceite para caramelizar.
- Asa el Repollo:
- Coloca los gajos en una bandeja con papel pergamino y hornea 30-35 minutos, volteándolos a mitad de cocción. Busca bordes dorados profundos y un centro tierno que ceda fácilmente al tenedor.
- Prepara la Salsa Romesco:
- Mientras el repollo se asa, combina en el procesador el pimiento, nueces, tomates secos, ajo, pan tostado, vinagre, pimentón y comino. Pulsa hasta que esté picado pero no completamente liso, la textura es importante.
- Emulsiona con Aceite:
- Con el procesador en marcha, vierte el aceite de oliva en un hilo fino hasta lograr una salsa cremosa pero con carácter. Prueba y ajusta sal y pimienta según tu gusto.
- Ensambla y Sirve:
- Acomoda los gajos de repollo calientes en una fuente, cubre generosamente con el romesco dejando que escurra entre las capas. Espolvorea perejil fresco, nueces extra y acompaña con gajos de limón para exprimir al gusto.
Guardar Una tarde fría de febrero, preparé este plato para mí sola después de un día difícil. Sentada en la mesa de la cocina, cada bocado cálido y reconfortante me recordó que cocinar para uno mismo con intención es un acto de amor propio. El repollo humilde se había transformado en algo extraordinario, y yo también me sentí un poco mejor.
Variaciones Que He Probado
Mi versión favorita lleva queso feta desmenuzado encima justo antes de servir, la salinidad contrasta perfectamente con la dulzura del repollo. También he usado almendras en lugar de nueces cuando no tenía, funciona bien pero cambia el perfil a algo más delicado. Una vez añadí garbanzos crujientes tostados con pimentón por encima y se convirtió en una comida completa sorprendentemente satisfactoria. En verano, cuando los tomates frescos abundan, sustituyo los secos por tomates cherry asados y el resultado es más ligero pero igualmente delicioso.
Sobre la Salsa Romesco
Esta salsa catalana tiene vida propia más allá de este plato. La he usado como dip para verduras crudas, untada en bocadillos, mezclada con pasta caliente y hasta como aderezo para ensaladas verdes. Se conserva en la nevera hasta cuatro días en un frasco hermético, y honestamente sabe mejor al segundo día. Si te sobra, congélala en cubitos de hielo y tendrás porciones perfectas para futuras comidas. El secreto está en no procesarla demasiado, esa textura rústica con pequeños trozos de nueces es parte de su encanto.
Consejos de Servicio
Este plato brilla cuando se sirve tibio, no hirviendo ni frío. Si preparas el repollo con anticipación, recaliéntalo brevemente en el horno antes de añadir la salsa fresca. Como acompañamiento, va maravillosamente con proteínas asadas simples o salchichas especiadas. También funciona espectacularmente sobre una cama de quinoa o farro para convertirlo en un bowl vegetariano completo.
- Acompaña con pan crujiente para aprovechar hasta la última gota de romesco
- Un vino blanco seco y fresco contrasta perfectamente con la riqueza de las nueces
- Las sobras se transforman en un increíble relleno para wraps o quesadillas al día siguiente
Guardar Cada vez que preparo esta ensalada, me recuerda que los ingredientes más simples merecen nuestro tiempo y creatividad. Espero que te traiga tanta alegría y sorpresa como me trajo a mí aquella tarde de domingo.